CENTRO DE DIAGNÓSTICO Y TRATAMIENTO

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domingo, 30 de marzo de 2014

Los Sentidos y el Sexo

Según Kinsey, todo el cuerpo tiene capacidad erógena, que se manifiesta a través del sistema nervioso. El cerebro recibe los impulsos de los órganos sensoriales y tanto aquél como éstos son  imprescindibles para las sensaciones sexuales. Si desconectamos el cerebro de los órganos genitales como ocurre cuando hay una sección total de la médula espinal comprobaremos cómo queda anulada toda sensación de placer sexual, por muy bien que funcionen dichos órganos. Y viceversa: el cerebro, que por sí solo puede crear actividad sexual como ocurre en los sueños y en las poluciones nocturnas, necesita de los órganos genitales para poder manifestarla, si bien puede prescindir de ellos para su sensación placentera. El cerebro puede, incluso, anular psíquicamente un estímulo físico producido en los genitales inhibiendo, por ejemplo, su fantasía sexual para impedir así una eyaculación precoz.

Los estímulos externos alcanzan los órganos sensoria les y en las terminaciones nerviosas de éstos se producen luego‘ unos impulsos bioeléctricos que recorren los nervios hasta llegar a la médula o directamente al cerebro.
 
Cuando los estímulos sexuales son táctiles, alcanzan las terminaciones nerviosas de la piel y producen los impulsos bioeléctricos que recorrerán los nervios raquídeos para llegar a la médula espinal —*concretamente a la zona lumbar cuando se estimula la piel de los genitales—; a partir de aquí van por dos caminos: uno que llega directamente al cerebro para informar del estímulo y elaborar respuestas psicofísicas complejas y otro que sale inmediatamente de la médula para producir, al llegar a la zona estimulada, una respuesta inconsciente refleja y rápida.

Así, pues, el parapléjico (persona paralítica de la cintura para abajo, por una sección medular o por otras causas) generalmente consigue eyaculaciones, aunque no obtiene placer de éstas. ‘ >
Los estímulos sexuales no táctiles —vista, oído, olfato y gusto—— llegan directamente al cerebro produciendo una respuesta en cualquier zona del cuerpo. Cuando se añaden las percepciones táctiles a las no táctiles se produce un aumento en la percepción de todas. Asi, por ejemplo, en el sexo se incrementan el placer y la excitación si además de tocar‘ los seno, los estamos contemplando. Van der Velde (1926) recomienda mezclar en el beso los sentidos del tacto, del gusto y del olfato.
No termina aqui el papel del sistema nervioso sino que, gracias a una parte especializada del mismo —el sistema nervioso autónomo o involuntario-— conseguimos obtener modificaciones adecuadas en nuestros genitales para facilitar la realización del acto sexual, como puede ser la lubricación de la vagina y del pene, además de modificaciones generales, como el aumento del pulso, del ritmo respiratorio y otras.
La vista Si no partimos de un primer estímulo sexual, no sería fácil desencadenar el proceso de pensamientos sexuales

Las Caricias

El principal enemigo de una sexualidad adulta y racional es la ignorancia, que trae una serie de problemas y frustraciones, tanto para el individuo como para la pareja, impide vivir como personas, dificulta las relaciones, en especial en el matrimonio; crea complejos personales; trae embarazos no deseados; viene acompañada de problemas como la impotencia o desviaciones sexuales. Para que una sexualidad sea plena y madura es necesaria una adecuada información y un nivel de madurez personal importante.

Las zonas erógenas son las diversas partes del cuerpo humano capacitadas especialmente para recibir o transmitir estímulos sexuales. Se emplean aquí todos los sentidos, pero sobre todo el del tacto. Una descripción de las zonas erógenas del hombre debería incluir la zona genital, los labios y la lengua, las orejas, el cuello, las tetillas, la cintura, los muslos, las manos, el codo.
 
En la mujer, el placer es mayor si las caricias se concentran en determinadas zonas: la boca, los labios y la lengua, la vulva, los senos, las orejas, el cuello, los hombros, las manos, el monte de Venus, los muslos, el codo, la cadera, la axila.

Para mí, el contacto del cuerpo es más importante que los orgasmos. Un buen beso, una sonrisa, tocarse en medio de la noche y oír el latido del corazón y la respiración, los ojos (¡los ojos!) y las palabras que se dicen después de hacer el amor, hacen del sexo algo muy especial.
 
Un abrazo intenso y un ‘te quiero’ y ‘te querré’ y ‘lo eres todo para mí’ y ‘aquí está mi corazón y mi alma’, valen más que todo el oro del mundo. Un abrazo apasionado y de corazón puede ser superior a un orgasmo». Estas palabras, entresacadas del Informe Hite, expresan la importancia que pueden tener ‘ la conversación y las caricias para muchas mujeres e incluso para muchos hombres: e e
En la caricia intervienen varios elementos. En primer lugar, la finalidad de la caricia es la expresión de un afecto y la consecución del deleite sexual. Cuando acariciamos. manifestamos a la otra persona amor y cariño ‘o aceptación. En la relación de la pareja la caricia tiene.
 
además, un componente sexual importante. tanto de excitación en vistas a la culminación del placer sexual. como de finalidad en sí misma. o sea. la caricia por la caricia. porque es agradable y placentera.
 
Según lo dicho anteriormente. existiría la caricia afectiva. la caricia sexual y la afectivo-sexual. La caricia afectiva se da cuando nos relacionamos con los familiares, los niños. los animales. etc. Con ella se comunica cariño, amor, se da seguridad, se consuela.
 
La caricia sexual mira más directamente a la estimulación y la excitación sexuales y puede realizarse. como hemos indicado antes, sin vistas al orgasmo o como una preparación para el coito. Este tipo de caricias en estado puro es menos frecuente y suele darse más la afectivo-sexual. ya que en
V toda relación de pareja suele haber un componente afectivo. que es extraordinario cuando existe un amor pro fundo.
 
La sociedad pone innumerables impedimentos al contacto físico y a la caricia. La gente incluso está en guardia para eliminar cualquier elemento erótico en la caricia afectiva. Los contactos muy tiernos e íntimos entre padres e hijos cuando éstos son pequeños, llegan a espaciarse y a desaparecer cuando se convierten en adolescentes. Se rechaza todo atisbo erótico en este sentido y cuesta reconocerlo. Aunque en el ser humano haya un componente sexual implícito en las relaciones con los familiares, culturalmente lo negamos. Cuando una madre contempla el cuerpo bien formado de su hijo joven, o un hermano y una hermana se pellizcan en ciertas zonas, hay un elemento erótico más o menos ligero, que hay que reconocer y que en modo alguno indica perversidad.

La caricia sexual o erótica se distingue por las siguientes características: la finalidad de la caricia, que es la excitación y el placer; la zona acariciada, que puede ser la cara o las manos en la afectiva, mientras que la erótica se desborda y llena todo el cuerpo como un torbellino, fijándose en especial en las zonas erógenas y se dirige, según progresa la caricia, a los órganos sexuales.

La caricia erótica suele ser rítmica y repetitiva: se estimula una y otra vez la zona elegida, hasta que se comprende que tocar esa zona ya no es efectivo, pasando a otra nueva, para volver luego a la anterior, o bien se persiste en una determinada, si se trata de conseguir el clímax, en cuyo caso será generalmente en el clítoris o en el pene.
 
La intensidad de la caricia sexual es variable: al principio es suave y luego se va incrementando su fuerza, puede volverse nuevamente a la suavidad o continuar en intensidad creciente. Cuando se llega a cotas elevadas de excitación sexual, la estimulación puede hacerse dolorosa. ¿Cuáles son los órganos que se pueden acariciar? La respuesta es: todo el cuerpo. Conviene emplear especialmente las manos y brazos, la nuca y los dientes, la lengua y los labios, los senos de la mujer y las tetillas del hombre, el pene, piernas y pies, el abdomen. Las zonas erógenas darán un placer más in-
tenso. y Hay un problema que preocupa a algunas mujeres: cuando comienzan a acariciarse con su pareja, parece que el hombre quiere llegar siempre en seguida al coito, mientras que. ellas estarían muy a gusto prodigándose caricias de todo tipo, que las hacen sentirse muy felices.
 
Por otra parte, si es la mujer quien las comienza, el varón interpreta que ella quiere el coito, cuando no siempre es así. Realmente, la causa de estos malentendidos es la mala información o formación sexual y la mala comunicación entre los amantes. El hombre debe conocer a su pareja y darse cuenta cuándo ésta desea unos momentos de solaz y ternura y cuándo quiere ser excitada hasta el orgasmo.
 
Es una cuestión de delicadeza y de atención por parte del hombre, que debe tratar de conjugar sus
deseos con los de su compañera, obteniendo así un beneficio mutuo. Hay tiempo para el coito, tiempo para la caricia y tiempo para la caricia larga que precede al coito. Todo debe caber en la vida de relación sin que un elemento anule a los demás, pues en ese caso sobrevendrán en seguida el aburrimiento o la frustración, echando por tierra toda armonía o interés.